Tengo que admitir que había sido ignorante del término hasta ayer en la noche, cuando leía viejos posts de mi maestro ninja favorito de todo el Perú. Como jamás lo había escuchado, hice lo que cualquiera: lo googleé. Descubrí entonces que existen muchas y muy variadas definiciones de lo que es ser un hipster, algunas de las cuales son muy parecidas a lo que es un snob, un indie-gente o un condeche.
Sin embargo, casi todas las definiciones tenían en común el hecho de que una de las mayores características de un hipster es que jamás se saben hipsters o , peor aun, casi ninguno conoce el término hipster. Y en pocas palabras: tuve miedo. ¿Qué pasaría si descubría que yo era la personificación de lo que mi maestro el ninja más aborrecía? Luego de muchas horas de investigación lo supe; y con lágrimas en los ojos me vi en el espejo, horrorizada, mi mandíbula aflojada pendía inerte de mi cara en una expresión de indignación y una mano temblorosa cubría mi boca en una mezcla de espanto y sorpresa.
Yo era, indeed, medio hipster.
Sin saberlo, había caminado feliz por la vida, predicando mi amor por el buen cine, la buena música y los buenos libros, mientras sostenía un café y un cigarro y me había cortado el cabello frente el espejo del baño con mis propias manos inexpertas.
Perdóname Maestro, tu Padawan te ha fallado. No merezco ser Jedi ya nunca nunca, para siempre siempre.
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24.6.10
25.4.10
Bullets
Así me siento hoy.
Verdes colinas y enemigos,
estas cosas nos ponen sentimentales por dentro,
tus palabras son gelignita
o solamente un sentimental más.
Atrapamos balas con los dientes
y aunque es fácil cuando sabes hacerlo
ellos esparcen el secreto por doquier antes de decírnoslo justo antes del amanecer,
y ahora no lo recordamos.
Nuestra sangre y tripas están de fuera,
esparcimos nuestros huesos por la mesa al anochecer,
nos cortamos los dedos,
para darnos esos pequeños entendimientos extra.
Atrapamos balas con los dientes
y aunque ellos se esfuerzan por no decirnos cómo se hace,
siempre lo hacen,
y ruegan por nuestro perdón
justo antes del amanecer,
y ahora no lo recordamos.
Atrapamos balas con los dientes,
es difícil pero son muy dulces
y si sacan un par
tratamos de arreglar las cosas,
atrapamos balas con la
cabeza y el corazón y nuestras partes más oscuras,
es extraño encontrar tal luz
en una noche tan eterna.
Es tan dulce perder a un amigo,
te alejas de la iglesia y saboreas
el aire en tus pulmones,
viejas mentiras y liciérnagas
graban ángeles en tus ojos
y todo se destruye,
murmuras plegarias a la oscuridad
hacia un dios en el que nunca creíste,
siempre lo haces,
esparces el secreto por doquier
pero eso no lo hará más fácil de ver
y ahora no lo recordamos.
Atrapamos balas con los dientes,
es difícil pero son muy dulces
y si sacan un par
tratamos de arreglar las cosas,
atrapamos balas con la
cabeza y el corazón y nuestras partes más oscuras,
es extraño encontrar tal luz
en una noche tan eterna,
atrapamos balas con la espalda,
despedimos al sepulturero y
lo mandamos a la sequía del jardín
para tratar de arreglar las cosas,
atrapamos balas con nuestros mejores recursos,
estamos felices y después ya no
le gritamos a la duda eterna.
Grupo: Tunng
Canción: Bullets
La traducción es mía
Verdes colinas y enemigos,
estas cosas nos ponen sentimentales por dentro,
tus palabras son gelignita
o solamente un sentimental más.
Atrapamos balas con los dientes
y aunque es fácil cuando sabes hacerlo
ellos esparcen el secreto por doquier antes de decírnoslo justo antes del amanecer,
y ahora no lo recordamos.
Nuestra sangre y tripas están de fuera,
esparcimos nuestros huesos por la mesa al anochecer,
nos cortamos los dedos,
para darnos esos pequeños entendimientos extra.
Atrapamos balas con los dientes
y aunque ellos se esfuerzan por no decirnos cómo se hace,
siempre lo hacen,
y ruegan por nuestro perdón
justo antes del amanecer,
y ahora no lo recordamos.
Atrapamos balas con los dientes,
es difícil pero son muy dulces
y si sacan un par
tratamos de arreglar las cosas,
atrapamos balas con la
cabeza y el corazón y nuestras partes más oscuras,
es extraño encontrar tal luz
en una noche tan eterna.
Es tan dulce perder a un amigo,
te alejas de la iglesia y saboreas
el aire en tus pulmones,
viejas mentiras y liciérnagas
graban ángeles en tus ojos
y todo se destruye,
murmuras plegarias a la oscuridad
hacia un dios en el que nunca creíste,
siempre lo haces,
esparces el secreto por doquier
pero eso no lo hará más fácil de ver
y ahora no lo recordamos.
Atrapamos balas con los dientes,
es difícil pero son muy dulces
y si sacan un par
tratamos de arreglar las cosas,
atrapamos balas con la
cabeza y el corazón y nuestras partes más oscuras,
es extraño encontrar tal luz
en una noche tan eterna,
atrapamos balas con la espalda,
despedimos al sepulturero y
lo mandamos a la sequía del jardín
para tratar de arreglar las cosas,
atrapamos balas con nuestros mejores recursos,
estamos felices y después ya no
le gritamos a la duda eterna.
Grupo: Tunng
Canción: Bullets
La traducción es mía
19.4.10
That is not what I meant, at all. That is not it at all.
Esta es mi versión de "La canción de amor de J. Alfred Prufrock" de T.S Eliot, personalmente es uno de mis poemas favoritos y por azares de la escuela tuve que traducirlo. Espero les guste.
Vayamos pues, tu y yo
cuando la tarde se esparza por el cielo
como un paciente anestesiado en la mesa de operaciones;
vayamos, por ciertas calles medio desiertas,
los retiros murmurantes
de noches sin descanso en baratos hoteles de paso
y restaurantes con mariscos malolientes;
calles eternas como una conversación tediosa
con la intención insidiosa
de guiarte a una cuestión sobrecogedora...
Ah...no preguntes "¿Cuál es?"
vayamos a hacer la visita pues.
Las mujeres en el cuarto taconean sobre mármol
y entre risas critican a Andy Warhol.
La niebla amarilla que frota su espalda contra los vidrios de la ventana,
el humo amarillo que frota su hocico en los vidrios de la ventana
y pasa su lengua por las esquinas del atardecer,
se queda en las albercas de los sumideros,
deja caer el hollín de las chimeneas sobre su espalda,
repta por la terraza, da un salto de repente,
y viendo que era una suave noche de octubre,
se enrosca al rededor de la casa y se duerme.
Y de hecho habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza sobre la calle,
frotando su espalda contra los vidrios de la ventana;
habrá tiempo, habrá un tiempo
para preparar una cara que encuentre a las caras que conozcas;
habrá un tiempo para dar muerte y uno para crear
y un tiempo para todos los trabajos y los días de manos
que alzan y dejan caer un dilema sobre tu plato;
un tiempo para tí, y un tiempo para mí,
y tiempo aún para un centenar de indecisiones,
y para cientos de visiones y revisiones,
antes de un pan tostado y una taza de té.
Las mujeres en el cuarto taconean sobre mármol
y entre risas critican a Andy Warhol.
Y de hecho habrá tiempo
para preguntarme "¿Me atreveré?" y, "¿Me atreveré?"
Tiempo para dar la vuelta y bajar la escalera,
con un punto calvo en medio de mi cabeza
(Dirán: "¡Cómo adelgaza su cabello!")
Mi abrigo matutino, el cuello de mi camisa montado firme a mi barbilla,
mi corbata delicada y modesta, aunque sostenida con un alfiler
(Dirán: "¡Cuán delgados sus brazos y piernas!")
¿Me atreveré
a perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
para desiciones y revisiones que se revertirán en un momento.
Porque los he conocido ya a todos, a todos en total;
he conocido las noches, las tardes y las mañanas,
he medido mi vida en café a cucharadas;
conozco a las voces que mueren de una mala caída
bajo la música de una habitación alejada.
Entonces ¿cómo me atreveré?
Y he conocido ya los ojos, los conozco todos,
los ojos que te sujetan mediante frases ya formuladas,
y cuando esa fórmula me desparrama sobre un alfiler,
que me deja prendido retorciéndome contra la pared,
entonces ¿cómo debo comenzar
a escupir las colillas de mis días y manías?
¿Cómo me atreveré?
Y he conocido ya los brazos, los conozco todos,
brazos con brazaletes y brazos blancos y desnudos
(pero a la luz de la lámpara con finos vellos oscuros).
¿Es el perfume en un vestido
lo que me vuelve tan distraído?
Brazos que reposan sobre una mesa, o envueltos en un chal.
¿Me debo, entonces, atrever?
¿Cómo podría comenzar?
¿He de decir: he ido al anochecer por calles angostas
y he visto el humo de las pipas elevarse
desde hombres solitarios en mangas de camisa que se asoman por las ventanas?
Debí sumergirme por los suelos de mares silenciosos,
debí haber sido un par de irregulares tenazas.
¡Y la tarde, la noche, duerme pacífica!
Largos dedos la merman,
dormida...cansada...quizás enferma,
desplegada en el suelo, aqui conmigo y contigo.
¿Debería, luego del té, los pasteles, los dulces alimentos,
tener la fuerza de llegar a la crisis del momento?
Pero aunque he llorado y ayunado, he sollozado y rezado,
aunque he visto mi cabeza (quedándose ligeramente calva) traída en un plato,
no soy ningún profeta, pero eso no importa tanto;
he visto oscilar mis momentos de grandeza
y al Lacayo de la Eternidad tomar mi saco sin bajar la cabeza,
y en pocas palabras, tuve miedo.
Y pudo haber valido la pena después de todo,
después de las tazas, el té, la mermelada,
entre la charla de tí y de mí, y la porcelana,
habría valido la pena,
haber terminado el asunto con una sonrisa,
haber convertido el universo en un balón
y rodarlo hasta la sobrecogedora cuestión,
decir: "Soy Lázaro, venido de la muerte,
he venido a contártelo todo, te lo diré todo".
Si uno dijera, poniéndose una almohada sobre la cabeza:
"Eso no fue lo que quise decir, de verdad.
Eso no es, para nada".
Y hubiera valido la pena, la hubiera valido;
hubiera valido la pena un momento,
luego de los ocasos y jardines y las calles empapadas,
luego de las novelas, las tazas de té y las faldas por el suelo arrastradas.
¿Y a esto agregarle mucho más?
¡Es imposible decir lo que quiero decir!
Como si una linterna mágica reflejara los nervios en la pantalla:
Hubiera valido la pena un momento
si alguien, poniéndose una almohada o quitándose su chal
y volteando hacia la ventana, dijera:
"Eso no es, para nada,
eso no fue lo que quise decir, de verdad".
¡No! Yo no soy el príncipe Hamlet, nunca he querido serlo,
soy un noble de su séquito, dispuesto también
a montar una escena por conseguir un ascenso,
aconsejo al príncipe, soy sin duda un buen instrumento
muy cortés, alegre de ser de utilidad,
diplomático, cauteloso y meticuloso;
bien hablado pero con cierta terquedad;
a veces de hecho, casi estorboso-
soy también a veces el bufón, algo morboso.
Me hago viejo...me hago viejo...
Debería enrollarme los pellejos.
¿Debería apartarme el cabello hacia atrás? ¿Me atreveré a comer una ostra?
Me pondré mis pantalones de franela blanca y caminaré por la costa.
He escuchado ya a las sirenas cantarse unas a otras.
No creo que quieran cantarme a mí.
Las he visto cabalgando las olas hacia el mar
peinando los blancos cabellos de las olas que soplan hacia atrás
cuando el viento sopla el agua blanca y negra.
Hemos permanecido en las cámaras del océano
por muchachas de mar que con algas rojas coronamos
hasta que voces humanas nos despiertan. Y nos ahogamos.
Vayamos pues, tu y yo
cuando la tarde se esparza por el cielo
como un paciente anestesiado en la mesa de operaciones;
vayamos, por ciertas calles medio desiertas,
los retiros murmurantes
de noches sin descanso en baratos hoteles de paso
y restaurantes con mariscos malolientes;
calles eternas como una conversación tediosa
con la intención insidiosa
de guiarte a una cuestión sobrecogedora...
Ah...no preguntes "¿Cuál es?"
vayamos a hacer la visita pues.
Las mujeres en el cuarto taconean sobre mármol
y entre risas critican a Andy Warhol.
La niebla amarilla que frota su espalda contra los vidrios de la ventana,
el humo amarillo que frota su hocico en los vidrios de la ventana
y pasa su lengua por las esquinas del atardecer,
se queda en las albercas de los sumideros,
deja caer el hollín de las chimeneas sobre su espalda,
repta por la terraza, da un salto de repente,
y viendo que era una suave noche de octubre,
se enrosca al rededor de la casa y se duerme.
Y de hecho habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza sobre la calle,
frotando su espalda contra los vidrios de la ventana;
habrá tiempo, habrá un tiempo
para preparar una cara que encuentre a las caras que conozcas;
habrá un tiempo para dar muerte y uno para crear
y un tiempo para todos los trabajos y los días de manos
que alzan y dejan caer un dilema sobre tu plato;
un tiempo para tí, y un tiempo para mí,
y tiempo aún para un centenar de indecisiones,
y para cientos de visiones y revisiones,
antes de un pan tostado y una taza de té.
Las mujeres en el cuarto taconean sobre mármol
y entre risas critican a Andy Warhol.
Y de hecho habrá tiempo
para preguntarme "¿Me atreveré?" y, "¿Me atreveré?"
Tiempo para dar la vuelta y bajar la escalera,
con un punto calvo en medio de mi cabeza
(Dirán: "¡Cómo adelgaza su cabello!")
Mi abrigo matutino, el cuello de mi camisa montado firme a mi barbilla,
mi corbata delicada y modesta, aunque sostenida con un alfiler
(Dirán: "¡Cuán delgados sus brazos y piernas!")
¿Me atreveré
a perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
para desiciones y revisiones que se revertirán en un momento.
Porque los he conocido ya a todos, a todos en total;
he conocido las noches, las tardes y las mañanas,
he medido mi vida en café a cucharadas;
conozco a las voces que mueren de una mala caída
bajo la música de una habitación alejada.
Entonces ¿cómo me atreveré?
Y he conocido ya los ojos, los conozco todos,
los ojos que te sujetan mediante frases ya formuladas,
y cuando esa fórmula me desparrama sobre un alfiler,
que me deja prendido retorciéndome contra la pared,
entonces ¿cómo debo comenzar
a escupir las colillas de mis días y manías?
¿Cómo me atreveré?
Y he conocido ya los brazos, los conozco todos,
brazos con brazaletes y brazos blancos y desnudos
(pero a la luz de la lámpara con finos vellos oscuros).
¿Es el perfume en un vestido
lo que me vuelve tan distraído?
Brazos que reposan sobre una mesa, o envueltos en un chal.
¿Me debo, entonces, atrever?
¿Cómo podría comenzar?
¿He de decir: he ido al anochecer por calles angostas
y he visto el humo de las pipas elevarse
desde hombres solitarios en mangas de camisa que se asoman por las ventanas?
Debí sumergirme por los suelos de mares silenciosos,
debí haber sido un par de irregulares tenazas.
¡Y la tarde, la noche, duerme pacífica!
Largos dedos la merman,
dormida...cansada...quizás enferma,
desplegada en el suelo, aqui conmigo y contigo.
¿Debería, luego del té, los pasteles, los dulces alimentos,
tener la fuerza de llegar a la crisis del momento?
Pero aunque he llorado y ayunado, he sollozado y rezado,
aunque he visto mi cabeza (quedándose ligeramente calva) traída en un plato,
no soy ningún profeta, pero eso no importa tanto;
he visto oscilar mis momentos de grandeza
y al Lacayo de la Eternidad tomar mi saco sin bajar la cabeza,
y en pocas palabras, tuve miedo.
Y pudo haber valido la pena después de todo,
después de las tazas, el té, la mermelada,
entre la charla de tí y de mí, y la porcelana,
habría valido la pena,
haber terminado el asunto con una sonrisa,
haber convertido el universo en un balón
y rodarlo hasta la sobrecogedora cuestión,
decir: "Soy Lázaro, venido de la muerte,
he venido a contártelo todo, te lo diré todo".
Si uno dijera, poniéndose una almohada sobre la cabeza:
"Eso no fue lo que quise decir, de verdad.
Eso no es, para nada".
Y hubiera valido la pena, la hubiera valido;
hubiera valido la pena un momento,
luego de los ocasos y jardines y las calles empapadas,
luego de las novelas, las tazas de té y las faldas por el suelo arrastradas.
¿Y a esto agregarle mucho más?
¡Es imposible decir lo que quiero decir!
Como si una linterna mágica reflejara los nervios en la pantalla:
Hubiera valido la pena un momento
si alguien, poniéndose una almohada o quitándose su chal
y volteando hacia la ventana, dijera:
"Eso no es, para nada,
eso no fue lo que quise decir, de verdad".
¡No! Yo no soy el príncipe Hamlet, nunca he querido serlo,
soy un noble de su séquito, dispuesto también
a montar una escena por conseguir un ascenso,
aconsejo al príncipe, soy sin duda un buen instrumento
muy cortés, alegre de ser de utilidad,
diplomático, cauteloso y meticuloso;
bien hablado pero con cierta terquedad;
a veces de hecho, casi estorboso-
soy también a veces el bufón, algo morboso.
Me hago viejo...me hago viejo...
Debería enrollarme los pellejos.
¿Debería apartarme el cabello hacia atrás? ¿Me atreveré a comer una ostra?
Me pondré mis pantalones de franela blanca y caminaré por la costa.
He escuchado ya a las sirenas cantarse unas a otras.
No creo que quieran cantarme a mí.
Las he visto cabalgando las olas hacia el mar
peinando los blancos cabellos de las olas que soplan hacia atrás
cuando el viento sopla el agua blanca y negra.
Hemos permanecido en las cámaras del océano
por muchachas de mar que con algas rojas coronamos
hasta que voces humanas nos despiertan. Y nos ahogamos.
6.2.10
28.11.09
Painless in Seatle
Es curioso cómo funciona el karma.
Los viernes son un gran día, generalmente salgo de mi clase de Literatura Medieval a las once de la mañana y camino por Islandia hacia la facultad de medicina, en donde me encuentro con amigos y jugamos futbol o basquet un rato en las canchas de dicho lugar. Ayer no fue la excepción; salí de Medieval con un café caliente en las manos y salí de la facultad mientras pensaba en lo frío que estaba el día y en lo horribles que son los días que combinan el sol quemador con el aire helado, caminé un poco más y pensé en cómo me burlaría de mi amigo Abraham al llegar así que apresuré el paso.
Al llegar a las canchas de medicina me terminé mi café y hurté de la mochila de Abraham unos duraznos en almíbar con crema que engullí con calma, me quité la chamarra y me dispuse a jugar futbol. Como mi plan desde un principio era el de fastidiar a Abraham decidí que no debía perder tiempo por lo que comencé a perseguirlo para arrebatarle el balón. Todo iba bien: le quité el balón, lo empujé, lo jalé, lo tiré un par de veces y metí gol. Entonces Abraham comenzó a enojarse.
Luego de un buen rato de muchos golpes y sudor Abraham decidió que tenía hambre y que se comería su almuerzo, sin pena alguna y con una sonrisa burlona en la cara, le grité que ni lo buscara porque ya me lo había comido, Abraham explotó. Me gritó que desde que había llegado no había hecho más que fastidiarlo y que era una mala persona y blah blah blah.
En ese momento me aburrí y fui a comprar agua y un cigarro, pensé que ninguna de mis acciones tendría consecuencias graves, con esto me refiero a consecuencias que me afecten a mí por su puesto. Sin embargo hoy amanecí con mucho dolor muscular pues en mi afán por fastidiar no me dí cuenta de que estuve corriendo más de dos horas con tennis no adecuados, me duele la espalda y las piernas y necesito Ibuprofeno, lo peor de todo es que al rato hay fiesta y seguramente Abraham se vengará de mí de una u otra manera.
La única moraleja de todo esto es: no hagas ejercicio de ningún tipo, ni siquiera para joder al prójimo.
Los viernes son un gran día, generalmente salgo de mi clase de Literatura Medieval a las once de la mañana y camino por Islandia hacia la facultad de medicina, en donde me encuentro con amigos y jugamos futbol o basquet un rato en las canchas de dicho lugar. Ayer no fue la excepción; salí de Medieval con un café caliente en las manos y salí de la facultad mientras pensaba en lo frío que estaba el día y en lo horribles que son los días que combinan el sol quemador con el aire helado, caminé un poco más y pensé en cómo me burlaría de mi amigo Abraham al llegar así que apresuré el paso.
Al llegar a las canchas de medicina me terminé mi café y hurté de la mochila de Abraham unos duraznos en almíbar con crema que engullí con calma, me quité la chamarra y me dispuse a jugar futbol. Como mi plan desde un principio era el de fastidiar a Abraham decidí que no debía perder tiempo por lo que comencé a perseguirlo para arrebatarle el balón. Todo iba bien: le quité el balón, lo empujé, lo jalé, lo tiré un par de veces y metí gol. Entonces Abraham comenzó a enojarse.
Luego de un buen rato de muchos golpes y sudor Abraham decidió que tenía hambre y que se comería su almuerzo, sin pena alguna y con una sonrisa burlona en la cara, le grité que ni lo buscara porque ya me lo había comido, Abraham explotó. Me gritó que desde que había llegado no había hecho más que fastidiarlo y que era una mala persona y blah blah blah.
En ese momento me aburrí y fui a comprar agua y un cigarro, pensé que ninguna de mis acciones tendría consecuencias graves, con esto me refiero a consecuencias que me afecten a mí por su puesto. Sin embargo hoy amanecí con mucho dolor muscular pues en mi afán por fastidiar no me dí cuenta de que estuve corriendo más de dos horas con tennis no adecuados, me duele la espalda y las piernas y necesito Ibuprofeno, lo peor de todo es que al rato hay fiesta y seguramente Abraham se vengará de mí de una u otra manera.
La única moraleja de todo esto es: no hagas ejercicio de ningún tipo, ni siquiera para joder al prójimo.
3.6.09
De mis preocupaciones
El cierre de semestre estresa a muchos, pero a mí no, a decir verdad estoy más que acostumbrada a lidiar con trabajos enormes de un día para otro, puedo pasar varios días sin dormir y me he entrenado por años para vivir solamente de café y aspirinas con coca por semanas.
No, el cierre de semestre no me estresa.
Sin embargo hay algo que me impide conciliar el sueño por las noches, se preguntarán entonces a qué se debe mi preocupación.
¿Será acaso miedo a la guerra nuclear? No, no es eso.
¿Es el nuevo éxito de Britney? Tampoco.
¿El lesbianismo de Lindsay Lohan? No.
¿Será entonces el hambre, el odio, las guerras del mundo? ¿Los niños del áfrica, los del maíz? ¿Las focas asesinadas a golpes, los pueblos explotados, los bosques en peligro?
No, la causa de mi insomnio es otra y muy alejada de todo esto...
¡No puedo terminar de desbloquear personajes en Mariokart Wii! ¡y necesito a Toadette!
Con un demonio, las pistas Mirror son la muerte...
No, el cierre de semestre no me estresa.
Sin embargo hay algo que me impide conciliar el sueño por las noches, se preguntarán entonces a qué se debe mi preocupación.
¿Será acaso miedo a la guerra nuclear? No, no es eso.
¿Es el nuevo éxito de Britney? Tampoco.
¿El lesbianismo de Lindsay Lohan? No.
¿Será entonces el hambre, el odio, las guerras del mundo? ¿Los niños del áfrica, los del maíz? ¿Las focas asesinadas a golpes, los pueblos explotados, los bosques en peligro?
No, la causa de mi insomnio es otra y muy alejada de todo esto...
¡No puedo terminar de desbloquear personajes en Mariokart Wii! ¡y necesito a Toadette!
Con un demonio, las pistas Mirror son la muerte...
12.5.09
Venus's nipples
Jamás se me había cruzado por la cabeza la idea de que la gente que estudia letras fuera pretenciosa, vaya, porque pensaba que realmente no exisitía en el mundo gente más pretenciosa que yo (pensamiento severamente pretencioso by the way), pero en el camino de la vida uno se topa con gente extraña y muchas veces esta gente te enseña cosas de la peor manera.
Mi maestra de Traducción me enseñó (no a traducir pero si que:) hay gente muuuuucho más pretenciosa que yo.
Caprice, de la clase de Traducción, me enseñó que hay gente muuucho más pretenciosa que la maestra.
y Moni-pingu, de la misma clase de Traducción, me enseñó que como para todo, también hay pretenciosos wannabe.
¿Verdad que es bien triste saber que no eres el número uno?
Pero ha de ser aún más triste ser un pretencioso wannabe.
Mi maestra de Traducción me enseñó (no a traducir pero si que:) hay gente muuuuucho más pretenciosa que yo.
Caprice, de la clase de Traducción, me enseñó que hay gente muuucho más pretenciosa que la maestra.
y Moni-pingu, de la misma clase de Traducción, me enseñó que como para todo, también hay pretenciosos wannabe.
¿Verdad que es bien triste saber que no eres el número uno?
Pero ha de ser aún más triste ser un pretencioso wannabe.
18.2.09
...Es que sus muebles
Soy una persona depresiva.
Es lo que soy, es con lo que naces, asi como puedes nacer chino o visco, ser alto o gordo, rubio o moreno, es parte de tu naturaleza. Pues bien, como soy depresiva y lo he sido desde siempre, me cree un sistema de auto apoyo emocional, funciona en realidad muy fácil, siempre que me siento cabizbaja o que las cosas no andan bien, me apoyo en la desgracia ajena, por ejemplo: un día me doy cuenta de que me salió un grano en la frente, bien podría deprimirme por eso, pero lo que hago es: pienso "bueno, al menos no me tropecé con las bancas del salón en frente de mi ex", y como este tengo multiples ejemplos.
"Al menos no me hicieron la broma del twinky", "Al menos un payaso no me ha invitado a participar en estúpidos trucos de fiestas infantiles", "Al menos no soy una obesa con una cara horrible que trae una playera que diga Amo a mi geek", etc.
Si quieren ponerlo así, podríamos decir que me levanto el ánimo comparando mi nivel de loserness con el de otros.
Pero ayer descubrí el remedio infalible no sólo para mi depresión sino también para la de todos, resulta que a una pobre chica le robaron los muebles de su casa...
En Second life.
Y eso no es todo, su depresión era tal que fue a dispersar su vergüenza por el mundo y es así como hoy puedo sonreír, pues su loserness ha llegado a niveles insospechados, yo le dedico este post (y seriamente estoy considerándola para un premio)y le agradezco infinitamente las risas que aún me proporciona y que estoy segura me seguirá proporcionando en el futuro.
La próxima vez que se conecten a Second Life, asegúrense de que sus avatares cierren con llave.
Es lo que soy, es con lo que naces, asi como puedes nacer chino o visco, ser alto o gordo, rubio o moreno, es parte de tu naturaleza. Pues bien, como soy depresiva y lo he sido desde siempre, me cree un sistema de auto apoyo emocional, funciona en realidad muy fácil, siempre que me siento cabizbaja o que las cosas no andan bien, me apoyo en la desgracia ajena, por ejemplo: un día me doy cuenta de que me salió un grano en la frente, bien podría deprimirme por eso, pero lo que hago es: pienso "bueno, al menos no me tropecé con las bancas del salón en frente de mi ex", y como este tengo multiples ejemplos.
"Al menos no me hicieron la broma del twinky", "Al menos un payaso no me ha invitado a participar en estúpidos trucos de fiestas infantiles", "Al menos no soy una obesa con una cara horrible que trae una playera que diga Amo a mi geek", etc.
Si quieren ponerlo así, podríamos decir que me levanto el ánimo comparando mi nivel de loserness con el de otros.
Pero ayer descubrí el remedio infalible no sólo para mi depresión sino también para la de todos, resulta que a una pobre chica le robaron los muebles de su casa...
En Second life.
Y eso no es todo, su depresión era tal que fue a dispersar su vergüenza por el mundo y es así como hoy puedo sonreír, pues su loserness ha llegado a niveles insospechados, yo le dedico este post (y seriamente estoy considerándola para un premio)y le agradezco infinitamente las risas que aún me proporciona y que estoy segura me seguirá proporcionando en el futuro.
La próxima vez que se conecten a Second Life, asegúrense de que sus avatares cierren con llave.
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